Qué entra y qué no en el proceso
Antes de empezar conviene dejar claras algunas cosas. No son condiciones legales ni letra chica: son acuerdos de trabajo que evitan malentendidos sobre qué se hace en cada etapa y qué decisiones quedan en manos de cada parte.
El análisis cromático no es un diagnóstico
Se observan subtono de piel, contraste entre ojos, cabello y rostro, y respuesta a distintas familias de color bajo luz neutra. De ahí sale un orden de prioridades, no una etiqueta fija de estación. Nadie queda encasillado: si un color funciona en un contexto y no en otro, se anota y se sigue.
Las referencias visuales se interpretan, no se copian
Cuando llega una imagen de referencia, se lee qué decisión técnica la sostiene: textura, intensidad, dirección de la luz, zona del rostro. Eso se traduce al rostro concreto. Reproducir una foto al milímetro no es el objetivo y, en la mayoría de los casos, tampoco es posible.
La ficha de servicio describe, no garantiza
Cada propuesta incluye técnicas, combinaciones de color y estilos sugeridos para la ocasión prevista. Es una guía de trabajo, no un contrato de resultado. El acabado final depende del tipo de piel, la luz del momento y cómo se sostenga el maquillaje durante el día.
Sin precios ni plazos publicados
Este sitio no publica tarifas, tiempos de entrega ni disponibilidad de agenda. Esas cuestiones se conversan directamente en la consulta de estilo, según el tipo de trabajo y la ocasión. Cualquier valor que aparezca fuera de esa conversación no proviene del estudio.
El portafolio muestra trabajos, no casos de clientes
Las piezas del portafolio son ejercicios y series del estudio, agrupadas por familia de color u ocasión. No son encargos de personas identificables ni pruebas de resultados obtenidos en terceros. Se publican como referencia estética y como muestra del criterio de trabajo.
La consulta se envía, no se reserva
El formulario de contacto recibe el mensaje y lo registra. No crea una reserva, no confirma disponibilidad y no genera un turno automático. La respuesta llega por correo o teléfono si se dejó un número, y a partir de ahí se acuerda el siguiente paso.
Si algo de esto no queda claro antes de escribir, vale la pena preguntarlo en el mensaje. Es más útil aclarar una duda al inicio que rehacer una propuesta a mitad de camino. Ir a la consulta de estilo.