Cómo trabajamos cuando la consulta es compartida
Cuando varias personas cercanas participan de una misma consulta de estilo, el orden de las decisiones importa más que la cantidad de productos. Preferimos explicar cada paso antes de aplicarlo, dejar registro de lo acordado y ajustar sobre la marcha con quien está presente.
Punto de partida
Escuchamos antes de proponer
Cada participante cuenta qué busca, qué usa habitualmente y qué no quiere ver en el resultado. Anotamos esas preferencias al inicio para no volver sobre lo mismo a mitad de la consulta.
Criterios de color
Subtono, contraste y luz real
Revisamos el subtono de piel, el contraste entre ojos, cabello y rostro, y la luz del lugar donde se va a usar el look. Las familias de color se ordenan por cercanía al rostro, no por tendencia.
Referencias visuales
Selección por categoría
Las imágenes de referencia se agrupan por ocasión y por familia cromática. Así se comparan opciones parecidas y se descartan rápido las que no encajan, sin perder tiempo en pruebas sueltas.
Comunicación
Acuerdos claros y por escrito
Lo que se decide en la consulta queda anotado: qué se aplica, con qué texturas y qué conviene mantener en casa. Si algo no está definido, se dice abiertamente en lugar de darlo por supuesto.
Registro de etapas
Documentamos el proceso
Anotamos el orden de aplicación, los productos utilizados y las variantes probadas. Ese registro sirve para repetir el resultado y para entender por qué una combinación funcionó mejor que otra.
Límites del servicio
Sin promesas que no podamos sostener
No garantizamos resultados cerrados ni tiempos de respuesta. Explicamos qué se puede trabajar en una consulta y qué queda fuera, para que la decisión se tome con información real.